
Se practicaba un hoyo en el suelo de un diámetro poco mayor que la rueda y se prendía el combustible, bien sea carbón o algún tipo de madera que hiciese buena brasa. Cuando estaba al rojo vivo se metía el aro y se calentaba todo por igual. A continuación, con unas tenazas largas se sacaba y se colocaba sobre la rueda, mientras otras personas echaban agua para que la madera no se quemase. Cuando el aro estaba bien ajustado sobre la rueda, se metía en el río o en algún recipiente con agua, con el fin de enfriarlo todo y hacer crecer la madera para ajustarlo.