La cocina incorpora el llar bajo enlosado, con los escaños alrededor, pudiendo disponer o no de campana que, si existe, se constituye con una elemental estructura de madera, cerrada al interior con tabla y al exterior recubierto de losa. La imagen exterior de la arquitectura, junto al corredor y las cubiertas, se completa con la fuerza de sus fábricas pétreas. Dominan los esquistos y cuarcitas, a las que se van añadiendo el canto rodado y poco a poco, mientras se desciende a la Cabrera Baja, se incorporan los revocos de barro marcándose la mayor presencia en las vegas. Los colores pitreos van desde los tonos rojizos, pasando de los dorados a los verdosos y grises, e incluso el color negruzco. Se alternan, en este último caso, con los cuarzos lechosos blancos a modo de contraste cromático. Lo menudo de las fábricas pétreas obliga a constituir los huecos o dinteles y jambas de piezas de madera, de un tamaño reducido, como respuesta al duro clima de la comarca, donde el vidrio se incorpora muy tardíamente.
La madera se asoma al exterior especialmente en los corredores y aleros, empleando especialmente el roble y el castaño. En los ejemplares más evolucionados, en el corredor aparecen las galerías acristaladas, con influencia de carácter más urbano. Es reseñable en algunos lugares la presencia de revocos con formas almendradas, dotados de dibujos, con motivos de animales, empleados en ejemplares de este siglo. Otra característica de la arquitectura comarcal es la adaptación de los asentamientos y de su construcción a la fuerte pendiente del territorio, manteniendo un sabio dialogo con su paisaje que se traslada a sus entornos agrarios, con sus cercas y espacios próximos de cultivo.
(José Luís García Grinda)